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Archive for the ‘Reseñas’ Category

Desde que leí Perversiones (Breve catálogo de Parafilias Ilustradas) de la editorial Traspiés dentro de su colección de libros ilustrados Vagamundos mi cuerpo se ha vuelto loco. Mis ojos van a su bola y sólo se fijan en las nalgas y los pechos de las mujeres que me cruzo en la calle. Y no se detienen ahí, no. Se han vuelto unos obsesos y han adquirido una curiosa propiedad. Pueden ver con todo lujo de detalles lo que hay debajo de la ropa de algunas de esas damas: bolas chinas, consoladores, telarañas y hasta una vagina de protección oficial subvencionada con los fondos de la Unión Europea.

Pero mis ojos no son los únicos que me traicionan. Mi boca comienza a lanzar piropos fuera de lugar a los pobres obreros que están trabajando de sol a sol en la obra. Yo trato de reprenderla, pero ella se limita a lamer los zapatos rojos de aguja que saca a ventilar en el patio de atrás la vecina del bajo. Hoy, un albañil, me ha guiñado el ojo.

Mis manos también se están descontrolando. Ayer en la oficina durante la reunión del Consejo de Administración se deslizaron debajo de la mesa, se introdujeron en el amasijo de entrepiernas y dejaron a José, de contabilidad, con una sonrisa de felicidad de oreja a oreja. Y eso que este año no ha logrado alcanzar los objetivos. Pero lo peor no es eso, no. Cuando bajo al kiosko a comprar la prensa y el dependiente no me vigila, sustraen las revistas de porno gay y me las introducen debajo del jersey. Y si tomo represalias y les digo algo, me hacen un corte de mangas, se ponen a bajarme los pantalones en plena calle o me desnudan y me introducen en el armario para practicar juegos sexuales de autoasfixia a lo David Carradine.

Hace unos minutos acabo de fijarme en Luisa, una mujer de bandera que trabaja en marketing y que es lo más parecido a una diosa. Para quitarme los pensamientos impuros de la cabeza pienso en la virgen. Bueno en que es virgen no, porque eso, me excita aún más. Me dejo guiar por los consejos de un ginecólogo amigo mío. Él cuando está con una paciente muy guapa suele pensar en su abuela, una señora mayor de noventa y nueve años, en silla de ruedas y más fea que Satanás, y así consigue evadir de su mente las tentaciones del cuerpo. Y claro, yo me imagino a mi abuela, veo sus fotos de antes de la guerra y creo que está muy buena.

Así las cosas, mi cuerpo se ha convertido en un yonqui del sexo. Cada día busca su chute de carne de forma furtiva entre las páginas de Perversiones. Hoy toca una dosis del microrrelato de las cuerdas. Mañana tal vez Sin necesidad de anticonceptivos y, pasado mañana cuando venga de fin de semana la hija de mis vecinos, se está planteando jugar en el ascensor al Lobo feroz y Caperucita, versión sadomasoquista.

(Muy Recomendable)

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