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Archive for 9 febrero 2013

Fauna salvaje

50838-620-282El Homo sin curris es una especie autóctona de la península ibérica. Se trata de un depredador voraz que amenaza con destruir el ecosistema de nuestro estado del bienestar. Se reproduce a una velocidad asombrosa: los empresarios sin escrúpulos, la escasez de trabajo, los expedientes de regulación de empleo y los despidos posibilitan que esta especie se haya multiplicado en los últimos años de forma exponencial. El Homo sin curris habita los bancos de los parques, las oficinas del INEM, se pasa los lunes al sol con las manos en los bolsillos y deambula de un lugar a otro dejando currículums y cartas de presentación. Se alimenta principalmente de la prestación por desempleo, del subsidio, de los 425 euros destinados a los cursos de formación, de lo que puede gorronear a los amigos y familiares y, por supuesto, de la pensión del abuelo. Es un animal muy observador que dedica sus días al arte contemplativo. Además, posee mucho tiempo libre, se toma las cosas con calma y descansa las 24 horas, tanto de día como de noche porque no le llaman de ningún puto curro.

(Micro ganador del Concurso Castillos en el Aire tema: La cola del paro)

A partir del minuto 5:41   http://www.ivoox.com/castillos-aire-168-19-la-audios-mp3_rf_1774301_1.html

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Peaje

concurso87

Soy como uno de esos fantasmas que habitan los relatos de Javier Marías. Suelo permanecer agazapada, distante y silenciosa igual que los figurantes que aparecen de fondo en las películas. Casi nadie me ve ni repara en mí, excepto alguna que otra futuróloga o vidente. Un manto invisible me envuelve desde hace milenios. No obstante, cuando pronuncian mi nombre se revela algo aterrador, doloroso que forma parte de la vida. Me gusta permanecer en las sombras, en ese lado donde habita el miedo y la oscuridad. Disfruto observando a los humanos, contemplando cómo se equivocan una y otra vez, se enamoran, desenamoran, forman familias y caen presos del yugo de la hipoteca, de la sociedad del consumo, del estrés, de la deshumanización que se adueña de las ciudades y de los silencios que habitan sus días. Creen que soy cruel cuando me llevo a esos niños famélicos en África con las barrigas hinchadas y las moscas pululando a su alrededor como furibundos enjambres de abejas. No sé qué es la compasión ni tampoco me importa. Durante millones de años he visto a diferentes pasajeros adueñarse del planeta: células, tardígrados, dinosaurios, monos que evolucionaron y se adaptaron al medio hasta dar origen a las personas. Aun así, éstos también algún día dejarán de existir. Porque todo viene y se va, se convierte en polvo, cenizas que regresan a las entrañas de la tierra y se pierden en el olvido como las tardes de verano que agonizan en la noche. No elegí el papel que me otorgaron, pero nadie puede perdurar para siempre. Eso sería transgredir los límites de la ciencia y de la lógica. Pueden inventar elixires que prolonguen la vida, pueden esquivarme durante años, pero tarde o temprano me cruzaré con ellos en algún punto del camino. Soy esa luz brillante al final del túnel; soy la muerte y te estoy susurrando al oído chica, que como te tomes una copa más y seas tan imprudente de coger el coche, esta madrugada en la carretera comarcal 32A a las cuatro y veintitrés minutos terminarás reuniéndote conmigo.

(Micro con mención en el concurso #87 Las historias de Alberto Chimal)

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