Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 21 febrero 2012

Rébobin


Las esquirlas de cristal salen despedidas de su rostro. La luna empieza a recomponerse muy deprisa. Sus dientes saltan del volante y vuelven a su boca. El humo y las llamas del motor desaparecen. El amasijo de hierros de la carrocería recupera su apariencia de tiburón. Las ruedas se inflan. De su camisa se volatilizan las manchas de sangre y los jirones. El vehículo arranca. Conduce marcha atrás durante varios metros. Los hitos de la curva peligrosa vuelven a estar en pie. En el asfalto se borran las huellas de frenada. Busca el móvil en la guantera. Suena el teléfono.

(Micro ganador del Concurso de microrrelatos Wonderland. Semana 20-26 de febrero)

Read Full Post »

Like a Rolling Stone

Cuando me cogí aquel resfriado mi voz se volvió ronca durante días. Sonaba tan bien que varias discográficas me ofrecieron grabar un disco. El éxito fue inmediato. En unas semanas copé los primeros puestos de las listas de ventas. No obstante, cuando se me curó el catarro mi voz volvió a ser la de siempre. Para remediarlo, hice todo lo posible para enfermar. Utilicé pañuelos de personas acatarradas, me mezclé en las salas de los hospitales con pacientes resfriados y acudí a países donde la Organización Mundial de la Salud declaró pandemias de gripe. Fijé mi residencia en Siberia. En invierno caminaba en bañador por las calles, dejaba que los niños me enterrasen en fosas de nieve o me metía en cámaras frigoríficas durante horas hasta que empezaban a brotarme estalactitas en las narices. Poco a poco, los continuos resfriados fueron minando mis defensas hasta convertirme en un ser vulnerable. Ayer morí de una pulmonía. Hoy soy un mito.

(Este micro llegó a las deliberaciones finales del Concurso de enero de La Microbiblioteca)

Read Full Post »

An angel

http://www.youtube.com/watch?v=AIGGVIkcyWU

Read Full Post »

COLGADO (A UNA SEÑAL DE BUS)

Soy un yonqui de las letras. Cuando nadie me ve, esnifo párrafos, microrrelatos, relatos cortos y hasta novelas. Desde hace meses, estoy enganchado a las metáforas, a las sinestesias, los pleonasmos y los cuentos de Raymond Carver. Todos los días voy a la biblioteca a por mi dosis de literatura. Mi padre dice que tantos libros me están destruyendo las neuronas como a Don Quijote. Sin embargo, en cuanto pasan unas horas y no he ingerido ningún párrafo, me pongo nervioso y me entra el mono. Siento los escalofríos recorriendo mi cuerpo como un excelso tumor que devora mis entrañas. Necesito leer algo, colocarme con Alicia en el país de las maravillas, El poder del perro o Pistola y cuchillo.

Hace unas semanas, mi madre me internó en una clínica de desintoxicación. Los médicos me prescribieron ver la televisión, jugar a la videoconsola y me prohibieron las lecturas. Ahora paso los días entre culebrones, reality shows, partidos de la NBA y Lara Croft. Aun así, cuando mis cuidadores no me ven, enciendo la tele y pongo el teletexto. No es lo mismo que leer una novela, pero es algo. Las letras me relajan, las frases y las historias me hacen volar a lugares inimaginables. En cuanto recibo mi chute de palabras me siento libre, feliz, extasiado. Soy un adicto. No puedo remediarlo.

Hoy, en un despiste del celador, me he fugado. He corrido por las calles durante horas. Al doblar la esquina, me he apoyado en el poste de una señal de autobús para recobrar el aliento. En el reloj han dado las nueve. Ya solo queda media hora para que abran la librería y pueda comprar la última novela de Sam Shepard y conseguir mi dosis de palabras.

Relato premiado “por lo extraño e imaginativo de su planteamiento”

(Microrrelato ganador del Concurso #75 de Minificción de Alberto Chimal)

Es una magnífica forma de comenzar mi cumpleaños.

Read Full Post »

Candidatos

El plomo de López ya está con su cartapacio. Parece un camello allí quieto, esperándola en la esquina, con el sudor perlando su frente. Desde que María lo rechazó le ha salido un profundo socavón en el estómago, un agujero que ni su trabajo de abogado ni el alcohol consiguen mitigar. Y es que, a ella, le gustan los feos. Por eso, todos sus pretendientes hacen lo imposible por conquistar su corazón. Y lo cierto es que se esfuerzan. Se desfiguran el rostro. Se cortan la nariz, los párpados, las orejas y hasta la lengua. Los más atrevidos se prenden fuego a lo bonzo, se rocían la boca con ácido o se arrancan la piel a tiras. Verlo es todo un espectáculo, pero ninguno es lo suficientemente poco agraciado como para conquistarla. Aun así, siguen sin saber, que la verdadera fealdad está en el interior.

(Micro seleccionado en IV Certamen de microrrelatos sobre Abogados. Enero 2011)

Read Full Post »